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Contra Punteo

Will Smith revela en libro momentos de su vida contempló matar a su padre, sus crisis matrimoniales y la relación que mantiene con sus hijos

Los problemas de salud mental e inseguridades que ha arrastrado hasta la actualidad parten del odio que forjó hacia su padre, Willard Carrol Smith. El joven Smith sabía que era “violento y alcohólico” —cuenta que su padre comenzó a fumar a los 11 años y a beber a los 14—, pero no fue consciente de la gravedad hasta que le vio golpeando a su madre. “La vi desplomarse y escupir sangre. Ese momento, probablemente más que cualquier otro momento de mi vida, ha definido quién soy”, ha confesado a través de las páginas del libro autobiográfico de casi 500 páginas. La idea de quitarse la vida le ha tentado varias veces tras lo ocurrido. Cuando su madre, Caroline Bright, se hartó de los abusos y se marchó, dejando atrás a Smith y a sus hermanos, quedó vacío y vulnerable. “Se fue a trabajar a la mañana siguiente y no regresó”, relata.

Will Smith siempre se ha considerado “un cobarde”. Un hombre que no supo enfrentarse al agresor de su madre, su padre, a pesar de presenciar episodios violentos desde una edad temprana. Que observó, pasivo, cómo su progenitora abandonaba su hogar para alejarse del maltrato y cuya única solución viable que se llegó a plantear —en dos ocasiones— fue el suicidio. Su instinto primario le llevaba a escapar, en vez de afrontar la situación.

Su infancia “normal” se contrapone a las duras experiencias que llegaron después. Querido por los suyos, el que posteriormente se convirtió en rapero, actor y productor cinematográfico creció en una bonita casa del barrio de Woodcrest, al oeste de Filadelfia (Pensilvania, EE UU). Ni problemas económicos, ni escolares, ni de ninguna otra índole. Algo que, admite, contribuyó a las constantes críticas que recibió al principio de su carrera como rapero.

“No era un macarra ni trapicheaba con drogas”, asegura en sus primeras líneas, consciente de que su entorno era muy diferente al que otros jóvenes negros estaban expuestos en las calles estadounidenses de los años ochenta. El techo sobre su cabeza parecía seguro, pero se fue desmoronando a medida que entraba en la adolescencia.

El actor no solo ha dejado al descubierto sus relaciones familiares, sino también las amorosas.

El artista afroamericano sufrió un desengaño, antes de conocer a su esposa, que le llevó a refugiarse en el sexo desenfrenado, desencadenando reacciones en su cuerpo que jamás había imaginado experimentar. Todo comenzó con su ruptura con Melanie, una de sus novias —con quien su madre le pilló manteniendo relaciones en una ocasión—, que cortó inesperadamente con Smith “Hasta este momento de mi vida solo había tenido relaciones sexuales con una mujer además de Melanie. Pero durante los meses siguientes, me convertí en una hiena”, un “depredador”, etapa de la que ahora se arrepiente.

“Tuve sexo con muchas mujeres, y fue tan desagradable para mí que desarrollé una reacción psicosomática a tener un orgasmo. Podía, literalmente, tener arcadas y a veces incluso vomitaba”, ha relatado, asegurando que no se habría cansado de probar una y otra vez con mujeres desconocidas si con ello podría encontrar a “la definitiva”. En realidad, lo único que buscaba era volver a enamorarse. Sin embargo, sus acciones descontroladas se tradujeron en un trastorno. “Esperaba por Dios que alguien consiguiera hacer desaparecer ese dolor, pero ahí estaba yo, con arcadas y desdichado”, ha expresado, revelando que solo consiguió pasar página cuando descubrió los beneficios del sexo tántrico. “Lo que hice fue limpiar mi mente y permitirme saber que está bien ser como soy”, ha escrito el actor, que pudo reconciliarse consigo mismo tras forjar una relación con la que hoy es su compañera de vida, Pinkett Smith.

Fuente: El País.com